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Agresividad y violencia

Agresividad y violencia
18/02/2020
admin

"Las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: Uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico". Victor Klemperer.

En esta entrada del blog intentaré explicar la diferencia entre agresividad y violencia porque creo que existe confusión entre ambos conceptos. La agresividad es buena, la violencia nunca lo es.

Escuché decir a Jean Marie Robine, uno de mis maestros y una de las personas más influyentes en el desarrollo de la Terapia Gestalt a nivel mundial, que "la violencia es el fracaso de la agresividad". Nada puede expresar mejor lo que pienso.

La agresividad es un instinto vital de los seres vivos pero, como está mal vista socialmente, durante el proceso de socialización es habitual intentar suprimirla mediante castigos o amenazas de no ser querido. Cuando un/a niño/a quiere algo lo quiere en ese mismo instante y no acepta un no, son "animales humanos sin socializar" con mucho tiempo por delante para aprender a tener paciencia, a tolerar la frustración, a aceptar un NO. Tienen tanto tiempo por delante como dura su desarrollo fisiológico, que es superior al de la mayoría de las especies animales. ¿Cómo intentan conseguirlo? Con lloros, rabietas, golpes, destrozando un juguete, etc. No conocen otras formas de actuar y es nuestra responsabilidad conseguir que las aprendan. A los adultos nos molesta, como también nos molesta su curiosidad, sus preguntas (en ocasiones nos abruman, irritan o dejan sin respuesta), su nivel de actividad, la intensidad con la que viven las cosas (a veces las calificamos de "tonterías", pero esas tonterías son todo su mundo).

Dice Laura Perls, una de las creadoras de la Terapia Gestalt, que si intentamos erradicar la mala conducta en los/as niños/as corremos el riesgo de eliminar también su curiosidad, básica en el desarrollo de sus capacidades intelectuales. No está mal tener deseos e intentar satisfacerlos cuanto antes mejor, todos lo queremos, tanto niños/as como adultos,  pero los niños/as no conocen formas de comportamiento diferentes a las que desarrollan. Que intenten conseguir lo que quieren es sano, que tengan curiosidad y deseos también lo es. Lo que tenemos que hacer es enseñarles formas de llevarlas adelante adecuadas para ellos y su entorno, y también formas de lidiar con la frustración, porque en la vida habrá cosas que por mucho que nos esforcemos no lograremos. Si intentamos controlar sus conductas por la fuerza conseguiremos adultos obedientes, dependientes, que no saben lo que quieren y presa fácil de cualquiera que quiera manejarlos.

La agresividad es una forma sana de relacionarse con el entorno, es una energía que nos permite acercarnos a él de forma activa y alcanzar lo que de él precisamos en base a nuestro gusto y necesidades; nos permite cuestionar ideas, juicios y conocimientos, tanto propios como ajenos; nos permite defender y luchar por lo que de verdad queremos, ser curiosos, decir NO y poner límites a lo que no es bueno para nosotros; nos permite desarrollar un gusto y criterio propios y acercarnos a los acontecimientos con actitud crítica. En definitiva, es la fuerza que impulsa nuestras actividades y está en la base de la curiosidad y de la actitud crítica y creativa.

Cuando no hemos aprendido formas adecuadas de ser agresivos para conseguir lo que queremos recurrimos a la violencia y tratamos de hacerlo utilizando la fuerza o la manipulación. Gritos, golpes, insultos, vejaciones, humillaciones, amenazas son las "pataletas y rabietas" de los adultos que con tanto interés tratamos de erradicar en los/as niños/as.


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