¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares. Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Cerrar

La Vergüenza

La Vergüenza
14/04/2019
admin

La vergüenza es un sentimiento que tiene que ver con la timidez, el retraimiento, el miedo a hacer el ridículo a ser juzgados de forma negativa. Como terapeuta considero que la línea divisoria que separa la vergüenza sana de la patológica viene dada por el grado de sufrimiento que provoca.

La culpa tiene que ver con algo que hacemos y consideramos inadecuado, la vergüenza con lo que somos, con aquello que nos identifica: lo que deseamos, lo que pensamos, lo que opinamos, lo que queremos.

La vergüenza forma parte de los contactos sociales que establecemos con las personas significativas de nuestro entorno. Tiene una función sana y educativa relacionada con el aprendizaje de las costumbres sociales y de la moral ("no tienes vergüenza"; "si tuvieras vergüenza no harías..."; "deberías sentir vergüenza por haber hecho eso").

Tiene que ver con sentirnos expuestos a la mirada de otro y a ser juzgados. A veces es de forma involuntaria, levantamos la mirada, nos sentimos observados y sentimos vergüenza al saber que alguien ha visto en nosotros algo que no queríamos. Otras veces tiene que ver con alguien que nos expone sin nuestro consentimiento. No solo por mostrar nuestras carencias o defectos, sino también nuestras cualidades. Cuando alguien cuenta algo de nosotros que no queremos contar, o nos pide públicamente, sin nuestro consentimiento, que contemos o hagamos algo, aunque sea para ensalzarnos, sentimos vergüenza. En este caso a la vergüenza se une la rabia.

La sentimos siempre que alguien no respeta nuestra forma de ser, nuestra forma de pensar, nuestra intimidad. Los padres, orgullosos de sus hijos, quieren mostrar sus "proezas" a los amigos, a pesar de la reticencia del niño; le fuerzan a dar un beso a sus amigos o familiares, a enseñar el dibujo que hizo en el colegio, cuentan sus éxitos escolares. Y cuando el niño protesta o se enfada le decimos "como eres, pero ¿por qué eres así?, mira que eres tonto". Al sentimiento de vergüenza unimos el de humillación.

En general está hecha de soledad, de sentirse inadecuado, de humillación. Todo esto rodeado de silencio, de no poder contarlo, de que los demás no sepan, ocultar algún asunto que no se puede nombrar. Por ejemplo, lo que hemos sentido, lo que hemos vivido, o lo que somos: ser de otra raza, de otra clase social, el diferente dentro de la familia, hijo de soltera, ser gay, ser conocedor de la violencia de un progenitor hacia otro, sufrir abusos, etc.

Para defendernos de la vergüenza podemos recurrir a la rabia e intentar "destruir" a quien nos la genera, quitarle el poder de humillarnos. La arrogancia, el orgullo, son formas de defensa ante la vergüenza ("soy mejor que tu" "te desprecio")

Para "sanar" la vergüenza necesitamos salir de la soledad, encontrar un entorno respetuoso que nos permita reconstruir un vínculo relacional con otra persona que nos devuelva una imagen diferente de nosotros mismos. Alguien que nos mire y escuche con respeto, que nos apoye, que nos escuche sin juzgar, una relación reparadora que nos permita recuperar la palabra, la autoestima, la dignidad, donde sentirnos apreciados y valorados. Necesitamos vínculos donde sentir que somos personas importantes para alguien, que nos devuelva la imagen positiva de nosotros mismos. En este contexto el contenido de la vergüenza encuentra palabras. Para "curar" la vergüenza es necesario poner palabras.



Comentarios noticia

Nadie ha publicado todavía ningún comentario. Sé el primero en publicarlo.

Deja tu comentario