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La base de relación terapéutica sólida

La base de relación terapéutica sólida
11/04/2018
admin

Si queremos enseñar a nuestros pacientes a realizarse como seres humanos. nosotros también hemos de tener valor suficiente como para exponernos a los peligros de ser humanos. Laura Perls

    Cuando una persona llama por primera vez para solicitarme una cita terapéutica me suscita mucho respeto. Pienso que previamente se ha encontrado con una dificultad, que ha intentado resolverla de diferentes maneras, quizá haya pedido ayuda a amig@s o familiares, y es después de tomar conciencia de que no sabe como resolverlo cuando decide hacer una llamada, como última solución. a un/a psicoterapeuta que no deja de ser una persona desconocida.

    La primera sesión es muy significativa. Es diferente según la persona que tenemos enfrente.. Con frecuencia, cuando una persona accede por primera vez a este servicio, confunde a un psicoterapeuta con un juez o un consejer@. Los psicoterapeutas no juzgamos -considero que cada persona hace lo mejor que sabe y puede en cada situación-, no aconsejamos -seguro que se le ocurre alternativas pero encuentra alguna limitación para llevarlas adelante.

    Las experiencias vividas nos proporcionan la información que tenemos de nosotr@s mism@s, de nuestras fortalezas, cualidades y capacidades y de los medios a nuestro alcance. Esta información, que en ocasiones nos facilita la toma de decisiones, en otras es limitadora. Cuantas veces no intentamos algo porque nos han dicho que no éramos buen@s en eso.

    El problema o la dificultad que una persona trae a la sesión es un intento de resolver una situación, que al ser fallido, reclama un nuevo equilibrio. Mi curiosidad se centra tanto en las opciones que cada persona ve a su alcance como en las que no, en conocer las experiencias que ha tenido que le impiden ver algunas posibilidades, cómo hace para impedirse conseguir aquello que busca, necesita o desea.

    La percepción que tenemos del entorno no es completa, lo percibimos en función de nuestra disponibilidad para actuar sobre él o, lo que es lo mismo, percibimos aquello que tiene que ver con nuestra necesidad o interés y nos sentimos capaces de utilizar.

    Voy a poner un ejemplo: si me siento en peligro y necesito protegerme, cuando me dirija al entorno para buscar mi mejor opción no  voy a percibir un papel tirado en el suelo, un alimento o unas gafas; en cambio sí percibiré un objeto que me permita defenderme o un lugar donde ocultarme. Si voy conduciendo y en riesgo de quedarme sin gasolina pasaré por alto el paisaje o los bares que encuentre por el camino, porque mi atención está puesta en aquello que satisfaga mi necesidad prioritaria, las gasolineras o indicadores de ellas.

    En la primera sesión cada persona muestra cómo es su mundo, cómo es el cristal a través del cual percibe el mundo y sus posibilidades. Para mí, que tengo un genuino interés por conocer a las personas, es siempre fascinante. Pero no menos importante es la evaluación que de mí hace el usuario.

    La terapia se desarrolla sobre unos cimientos sólidos, que se basan en la confianza en la relación. Cada persona necesita saber que va a poder mostrarse como es porque no va a ser juzgada, y que le voy a reconocer como persona única y singular, no como una muestra de un colectivo.

    La confianza no podemos darla por descontado. Un título no es definitivo en sí mismo,  aunque sea un elemento más que proporciona seguridad nada dice de las cualidades humanas y los valores de una persona. La confianza la construimos en cada relación; cada persona necesita su ritmo y la sustenta en aspectos diferentes. Me parece sano que una persona evite hablar o mostrar ciertas cosas de sí mismo hasta que se sienta segura, es verdad que viene con deseos de cambiar, pero también necesita saber que va a a ser tratada con cuidado. Cuando empieza a mostrarse de forma más abierta y a hablar de alguna experiencia delicada, dolorosa o desagradable siempre me conmueve porque sé que estamos construyendo una relación sólida y útil.

    La Terapia Gestalt se basa en el respeto, la aceptación, la confianza mutua y un acompañamiento respetuoso, en un proceso cuyo ritmo marca el paciente. Cada persona sabe, aunque sea de forma intuitiva, qué paso quiere o puede dar, y qué necesita antes de darlo. Lo comunica de muchas formas que debo atender y entender. Y ahí estoy siempre para acompañarle en ese paso, pero nunca lo doy por ella.

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